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Lun, 13/02/2006 - 17:55
Érase una vez una rana que vivía tan tranquila en su charca, su vida era croar y croar y cazar las moscas que por allí pasaban. Pero de repente, una mañana, acertó a nadar por aquellos lugares un espléndido pato. Nuestra ranita sintió que su corazón se aceleraba, algo le había pasado, algo tan extraño como enarmorarse del pato. Es que el amor de universal y no sabe de fronteras.
Érase una vez una rana que vivía tan tranquila en su charca, su vida era croar y croar y cazar las moscas que por allí pasaban. Pero de repente, una mañana, acertó a nadar por aquellos lugares un espléndido pato. Nuestra ranita sintió que su corazón se aceleraba, algo le había pasado, algo tan extraño como enarmorarse del pato. Es que el amor de universal y no sabe de fronteras.
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